| 6-29-2004 |
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“Las Pumas”,
las mujeres argentinas que también hacen tries
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Por
Luciana Ferrando. Especial para Clarín.com
conexiones@claringlobal.com.ar |
Saben que los tackles y el scrum todavía son vistos
como jugadas exclusivas de hombres. Sin embargo, hacen oídos
sordos a los prejuicios y luchan por obtener el reconocimiento
oficial.
“La gente piensa que somos machonas, todas enormes...
bestias. Les sorprende que nos arreglemos para salir, que
tengamos novio, que seamos chicas comunes y corrientes”,
dice Marilú Casal, jugadora de Ñandú de
Vilo, team pionero del rugby femenino en la Argentina. Pero
el problema para ellas no es ese, sino que el rugby se considera
todavía una actividad de hombres. “En los estatutos
figura como un deporte masculino, y eso no lo van a cambiar.
Aquí son muy cerrados”, dispara Ximena Santillán
capitana del Ñandú. A pesar de su mirada pesimista,
en los siete años que lleva de vida en el país,
este deporte ha crecido a tal punto que hoy existen unos
15 equipos que lo practican, prejuicios mediante.
El nacimiento de Ñandú (y del rugby femenino
en el país), en 1997, no se produjo por iniciativa
de un grupo de osadas que quisiera transgredir las normas
de los “deportes masculinos”. Todo lo contrario,
fue el fruto de una clínica implementada en el Instituto
de Educación Física Romero Brest de Buenos
Aires, por entonces Organizador Nacional de Coaching de la
sitio de la CNN Unión Argentina de Rugby (UAR). Fue
tal la repercusión del Taller de Rugby Femenino, que
las autoridades decidieron seguir adelante con el proyecto. “Cuando
empecé, sólo sabía que la pelota era
ovalada”, dice Santillán.
¿Cómo son las rugbiers argentinas? Hay chicas
de todas las edades, contextura y ocupaciones, que han optado
por seguir una pasión común y divertirse. “Muchos
nos consideran bichos raros sin siquiera haber visto nuestro
juego. Algunos cambian de opinión después de
acercarse a los partidos. Pero también están
los que vienen a sacarnos fotos en las situaciones más
trágicas”, comenta Gabriela Ptak, quien alterna
sus estudios de Organización de Eventos con el tackle
y el scrom. “Por suerte nuestras familias y los chicos
que hacen rugby entienden que venimos luchando por esto hace
mucho, valoran nuestros esfuerzos sobre todo porque nosotras
no podemos empezar a entrenar en la infancia como los hombres,
y nos apoyan”.
En el mundo, el rugby femenino ya ha dejado de ser novedad.
España, Francia, Inglaterra y Nueva Zelanda tienen
sus ligas oficiales y su seleccionado, además de referís,
entrenadoras y dirigentes pertenecientes al (cada vez más
fuerte) sexo débil. “Las chicas”, como
las llaman en el ambiente, han disputado hasta el momento
cuatro Campeonatos Mundiales y en noviembre de este año
animarán el primer Torneo Sudamericano de Seven, en
Caracas, Venezuela. A nivel nacional, en cambio, todo se
hace a pulmón.
Cada uno de los aproximadamente 15 planteles que existen
entre el noreste, noroeste, Bahía Blanca y Buenos
Aires se encarga de organizar sus propios campeonatos, reclutar
nuevas jugadoras y autogestionarse los viajes para poder
jugar. Como no es un deporte oficial no hay sponsors ni una
materia que se imparta en los profesorados de Educación
Física. Si bien la UAR acepta la existencia de los
equipos y está en vías de crear una Subcomisión
de Rugby Femenino, no les brinda, hasta el momento, ningún
tipo de apoyo, y la Unión de Rugby de Buenos Aires
(URBA) no reconoce la existencia de ninguna formación
de mujeres rugbiers en la provincia.
“Para recibir apoyo oficial las jugadoras deben pertenecer
a entidades afiliadas a la UAR por intermedio de sus respectivas
Uniones Provinciales”, explica Eliseo Pérez,
Secretario Técnico de la UAR. Y agrega: “A partir
de la Institucionalización, se pasa a la Organización,
que es la etapa en la que aparecen los programas de Difusión,
Coaching, Competencia y Selección”. Aunque las
razones son meramente institucionales, cumplimentar estos
pasos no parece sencillo. “Las Uniones no incorporan
equipos, sino clubes”, explica Jorge Cafasso, presidente
de la URBA, “por lo que, para ser tenidas en cuenta,
las chicas deberían representar a algún club
de rugby –que sería lo más rápido-
o formar su propio club, cumpliendo con todos los requisitos
que esto implica”.
Las chicas cuentan con el aval de algunas personalidades
del rugby. Agustín Pichot o “el Colo” Fuselli,
acompañaron desde sus principios el desarrollo local
de esta disciplina, y éste último incluso organizó en
el verano de 2003, el primer Campeonato de Beach Rugby Femenino
de Mar del Plata. En general, hay coincidencia en que, a
la mujer, le asisten los mismos derechos que al hombre pero
todos reconocen que las jugadoras argentinas están
en un estadio de iniciación y desarrollo. “Nuestro
rugby femenino, como queda dicho, está dando sus primeros
pasos, y no es justo compararlo con el de países que
llevan años de juego”, dice Eliseo Pérez.
Los partidos entre mujeres, por las mencionadas diferencias
en la formación y por una cuestión lógica
de fuerzas, no pueden ser comparados con el competitivo rugby
masculino. Pero las reglas son las mismas y, según
Javier Olano, preparador físico de las Ñandú “las
exigencias son iguales para ellos que para ellas”.
En favor de las mujeres Olano asegura que “son más
voluntariosas”, pero se queja de que en los entrenamientos “hablan
demasiado”. Como buenas mujeres, ellas confiesan ser
hiper competitivas también en este ámbito: “Está todo
bien, pero no solemos hacernos amigas en el tercer tiempo
como los hombres”. Eso sí, todas piden que se
dejen de lado los preconceptos y se sigan sumando adeptas
para que la práctica crezca. Un deseo también
es unánime: “Integrar un día el Seleccionado
Argentino de Rugby Femenino”.
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moun@moun.com |