| 6-25-2004 |
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¿Empleados y
jefes virtuales?: el teletrabajo impulsa una polémica
que no termina
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Carla
Barbuto. Especial para Clarín.com
conexiones@claringlobal.com.ar |
Las computadoras conectadas a Internet difuminaron los límites
de la oficina. Potencialmente, el teletrabajo se convirtió en
un medio de inserción laboral y una alternativa para
que las empresas bajen costos.
¿El fin de las oficinas, de la gestión empresarial
y del trabajo cara a cara? ¿Más libertad y
creatividad? ¿Más horas de trabajo, más
exigencias? Estos son tan sólo algunos de los mitos
que salieron en danza cuando el mundo laboral se mezcló con
Internet y dio origen al llamado “tele-trabajo”.
“Las nuevas formas laborales simplemente irán
llegando y cambiando a las tradicionales. Creo que aún
estamos lejos de pensar en el fin de las oficinas y de los
límites del lugar de trabajo. El mayor inconveniente
sigue siendo cultural”, dice Angélica Abdallah
García, directora de la Asociación Argentina
de Teletrabajo. El hecho de trabajar desde la propia casa
o desde un cybercafé, lejos de ser un "rebusque" propio
de una época de crisis, es un fenómeno que
ya cumplió las tres décadas. Allá por
1973, el estadounidense Jack Nilles, padre del término
y uno de sus apóstoles más fieles, inició una
investigación sobre su implementación práctica
en la Universidad del Sur de California. Allí comenzaron
a dividirse las aguas.
“El mundo del trabajo vive una transformación
permanente, pueden ser ciclos de años o siglos pero
la gente siempre va a necesitar reunirse para conversar sobre
lo que hay que hacer. El ser humano es gregario por propia
naturaleza”, opinó con nostalgia Eduardo Press,
director Eduardo Press Consultores. Desde la otra vereda,
la titular de la AAT no dudó al enumerar las ventajas
de los e-trabajadores, aunque no pasó por alto los
peligros de no poner límites al tiempo de trabajo
diario. “Permite una mejor organización de la
vida personal, mayor facilidad para actualizarse, menos stress,
y mayor sensación de autonomía y libertad.
Fundamentalmente, mejor calidad de vida”, dijo.
Está claro que cualquier persona puede convertirse
en un e-trabajador pero hay áreas profesionales -como
la administración, consultoría, comercialización,
marketing, informática, edición y producción
de contenido, traducción y diseño gráfico-,
que tienden a ser un terreno más fértil para
la experiencia. En nuestro país, a pesar del alto índice
de desempleo, se trata de una alternativa aún poco
desarrollada. Sin embargo, cada vez son más quienes
se animan a hacer de las nuevas tecnologías un medio
de trabajo y, por otra parte, también aumenta el número
de empresas que comienzan a ver esta alternativa de cara
a reducir el personal o los costos.
Como no todas son rosas y el camino por recorrer es largo,
Abdallah García advierte: “El futuro del teletrabajo
en Argentina depende de condiciones de infraestructura, cambios
en el sistema educativo formal, capacidad para crear alianzas
y de gestión de los gobiernos locales, capacidad del
empresariado local para unirse en propuestas creativas y
también para lograr el peso necesario que les permita
incidir en políticas públicas que faciliten
el desarrollo de estas nuevas formas de trabajo”.
Desde la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
de Buenos Aires, donde funciona un Centro de Teletrabajo
y Teleformación, intentan explicar de qué se
trata y ayudan a los estudiantes a ver sus computadoras como
medios de inserción laboral. Por su parte, la directora
del centro, Sonia Boiarov, aclara la cuestión legal
cuando dice que el teletrabajador comparte el marco legal
con los demás trabajadores. “Como sabemos hay
peculiaridades, hemos pedido en el año 2001 la creación
de una comisión de estudio del teletrabajo, formado
por representes gremiales, empresarios, y académicos”.
La mencionada comisión vio la luz en diciembre del
2003 y a partir de allí abrió un espacio para
el diálogo sobre una modalidad de trabajo que, aún
cuando no existen datos precisos, se calcula que afecta a
17,4 millones de personas en Latinoamérica.
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