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7-2-2004  

Aprovéchalo al máximo

Fracaso


Bilda Valentín. Fotos: Silverio Vidal. Atletas: Francia Félix y Gissele de Jesús.

La sociedad actual se ha encargado de estimular de manera permanente el espíritu competitivo como modo de vida. Los “triunfadores” son encumbrados. No hay espacio para los “perdedores”. Saber aceptar las derrotas y sacar partido de ella es la medida más sana que pueden asumir las personas.

Ser “un fracasado” es un calificativo que nadie quiere llevar. Sin embargo, hoy día muchas personas se sienten así. En una sociedad donde se ha moldeado de forma muy clara el sentido del éxito, quien no cumple con ciertos parámetros llega a sufrir las frustraciones de la derrota.

Sin embargo, la no aceptación del fracaso no es un lastre que deba cargarse de manera individual, ya que ni la educación familiar, la escolar, ni mucho menos los medios de comunicación han ayudado al individuo a asumir las derrotas y digerir los fracasos sin traumas. Aunque el ser humano es consciente de que los científicos e investigadores contemplan el error como un paso valioso para poder avanzar, de manera particular esta teoría no se aplica.

Para John C. Maxwell, autor de El lado positivo del fracaso, muchas personas se quedan observando los triunfos de los demás justificándolos con la buena suerte, sin tomar en cuenta que la diferencia entre las personas promedios y los triunfadores es el concepto que tienen del fracaso y cómo lo enfrentan. Este profesional destaca que existen personas que no están preparadas para afrontar el fracaso; no obstante, hay que aprender a hacer del fracaso un amigo.

Si te dedicaras a conversar sobre los niveles de satisfacción de las personas, encontrarás que la mayoría se lamenta por no haber conseguido la posición social que aspiraba, por no obtener el ascenso que creían merecer o por no tener el trabajo que deseaba. Todo esto genera una sensación de fracaso, de expectativas no cumplidas que muchos no logran soportar y que afecta negativamente la autoestima.

Apología de los culpables

En la sociedad actual se puede encontrar a la principal responsable de la no aceptación del fracaso. El espíritu de competencia que se fomenta en todos los espacios crea la idea de que en todos los aspectos hay que ganar. En estos ambientes en lo que existe una fuerte tendencia a evaluar el rendimiento de forma individualista y competitiva hay mucha posibilidad de suscitar el sentimiento de la envidia.

De acuerdo a los profesionales de la conducta, otra de las razones por la cual muchas personas se sienten fracasadas es porque no saben establecer la distancia que hay entre el “yo” y el “ideal del yo”. “La persona es una cosa y se cree otra bien distinta”.

Harry Alder, autor del libro Inteligencia Creativa destaca lo siguiente: “Los sistemas en los que el ser humano interactúa son la empresa, la escuela, nuestro círculo social y nuestros colegas. Cada uno tiene sus guardianes y factores de influencia que determinan los valores, tradiciones, estándares y significados”. Según Alder, estos sistemas propugnan más hacia el éxito que ellos mismos han estereotipado que hacia el disfrute personal de realizar tareas en sí.

Los sistemas de evaluación educativos también estimulan los logros individuales comparándolos con los demás y sin respetar el ritmo personal de cada quien. Para Paul Kaufman y Michael Ray, autores del libro El espíritu creativo, este tipo de evaluación hace que los niños no se concentren en sus propios alcances, sino que estén preocupados en cómo los evaluarán o qué pensarán sus compañeros de ellos.

Kaufman y Ray censuran el uso excesivo de premios, como estrellas doradas, dinero o juguetes. Para estos profesionales los premios privan al niño del placer intrínseco de la actividad creativa. “La competencia pone a los niños en una situación desesperada de ganar o perder, en la que sólo uno de ellos puede ocupar el primer puesto”.

El afán de búsqueda de triunfo tiene también otro responsable primordial: los medios de comunicación. Con el auge de éstos se ha puesto de moda la idea de la fama, que no necesariamente tiene que ver con el triunfo. “Todo el mundo desea ser famoso”.

Las publicaciones periódicas en Europa y Estados Unidos, no sólo aumentaron los hábitos de lectura de la población, sino que abrieron las puertas para que los lectores conocieran sobre la fama de otros y crearon la necesidad de querer ser como esos famosos. En su ensayo sobre la fama, Roberta R. Kwall señala que leer sobre la vida y milagros de gente que no se conocía para nada, se convirtió en una experiencia cotidiana.

Aunque la fama ha existido desde el mismo origen del mundo, en las últimas décadas parece haber alcanzado dimensiones casi incontrolables a medida que aumenta la influencia de los medios encargados de transmitirla.

Obsesión por la fama
“Desde que nacemos buscamos triunfar”, afirma el profesor de sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, Salvador Cardús. “Los medios de comunicación se han encargado de perfilar a la persona perfecta. La fama ejerce una fascinación tan grande que se ven a las personas exitosas como seres envidiables”.

¿Por qué la fama seduce? Según los expertos, porque ésta se asocia con dinero y éxito y también porque asegura la salida del anonimato en que viven la mayoría de los mortales y es la mejor manera de garantizar que la imagen y el nombre perduren después que la persona se haya muerto.

Otro factor que incide en la búsqueda de la fama tiene que ver con la forma en que se establece la relación con los demás. De manera consciente o inconsciente el ser humano no evita las comparaciones. En La educación encierra un tesoro, un informe realizado por la Comisión internacional sobre la educación de UNESCO, se plantea lo siguiente: “Cada individuo se define en relación con el otro, con los otros y con varios grupos de pertenencia, según modalidades dinámicas”.

A pesar de que el triunfo es perseguido constantemente, la vida de quienes tienen éxito no siempre es color rosa. La psicóloga Cristina Llagostera señala que cada vez más personas exitosas que tenían todo lo que se consideraba característico de un triunfador manifiestan sentirse vacías internamente. “Sin duda la aparición de enfermedades características de nuestro tiempo como el estrés, la ansiedad o la depresión, se suma a la falta de tiempo para uno mismo”.

El fracaso tiene sus beneficios

Aunque plantear la idea de sacarle provecho al fracaso quizás pueda verse como la rendición de un culto al conformismo, los expertos aconsejan aprovechar lo que se tiene en el momento. Muchos se quejan a diario de que sólo cosechan fracasos. Maxwell exhorta a que si no se tiene el éxito en la mano, se aproveche el fracaso.

A pesar de que puede parecer paradójico, algunas personas sienten un gran alivio cuando finalmente fracasan. Una de las razones, de acuerdo a los psicólogos, es la siguiente: “Después del fracaso las personas se pueden dedicar a otra cosa. El temor a perder es más angustiante que la frustración por haber perdido”.
Mark McCormack en su libro Obtenga el 110 % de sí mismo y de su trabajo destaca que muchas personas le temen más al éxito que al fracaso, porque en el fondo sienten que de lograr el éxito tienen el compromiso de repetir ese logro o estar a la altura de las circunstancias.

Según Mark McCormack, no hay nadie que gane siempre. “No existe nadie que esté metido en los negocios, que consiga llevarse la palma todas las veces que intente hacer una transacción. Las personas deben cultivar el instinto para saber cuándo pueden permitirse el lujo de perder y cuándo deben ganar. Eso les permite centrar sus esfuerzos”.

Dennis Conner, capitán de la embarcación americana que participa en la Copa América destaca: “Ganar es algo que no está hecho para todo el mundo. Tienes que estar un poco loco. No puede ser el mejor jugador, el mejor hombre de negocios, el mejor padre del mundo y el mejor presidente del mundo. Tienes que renunciar a cosas para llegar allí, donde tú quieres llegar”.

En su libro El lado positivo del fracaso, John Maxwell plantea algunos principios para superar el fracaso. Para este profesional los fracasos bien aprovechados brindan conocimientos y experiencia, que podrían ser aplicados a una nueva y promisoria etapa.

Aprovechando el fracaso

Para afrontar las caídas es importante tomar en cuenta una serie de acciones. John Maxwell recomienda aprender a definir los fracasos como dificultades a resolver, analizando qué se puede cambiar para mejorar los resultados obtenidos y aprendiendo a valorar cualquier progreso por pequeño que sea.

Cuando la persona es madura es más capaz de aceptar que no es la más inteligente, la más bella, la más importante, ni la más aceptada socialmente. La persona madura es capaz de darse cuenta de que el éxito deslumbrante, tal como lo presentan los medios de comunicación, es patrimonio de muy pocos.

Maxwell señala que para aprender a ganar hay que aprender a perder y saber qué hacer cuando se pierde. “Los ganadores ganan porque saben qué hacer cuando pierden. Cuando se aceptan los errores sin sentir un fracaso definitivo y paralizante, el error puede percibirse como una oportunidad de aprendizaje, como una fuente de información de qué cosas van bien y cuáles no”.

Más que una educación forjadora de competencia entre los individuos debería instaurarse un sistema educativo que fomente el trabajo en equipo. De acuerdo al texto La educación encierra un tesoro, la educación no puede contentarse con reunir a los individuos haciéndolos suscribir a valores comunes forjados en el pasado. “Debe responder también a la pregunta: vivir juntos, ¿con qué finalidad? ¿Para hacer qué? Y dar a cada persona la capacidad de participar activamente durante toda la vida en un proyecto de sociedad”.

Mari Pau González, psicóloga especialista en salud y trabajo recomienda, a las personas, tener una buena relación consigo mismo y con su entorno, además de no querer alcanzar todos los méritos y buscar obtener todos los beneficios.

González aconseja evitar sumarse a los millones de personas que ven la fama como un objetivo más que como una consecuencia. No siempre con la fama llega la riqueza, el poder o la felicidad. Muchas veces la buena “fortuna” de alguien es una inmensa posibilidad individual y no tiene nada que ver con el esfuerzo o la voluntad de alcanzar un propósito.

“Nada importa que nos demos el gran batacazo y fracasemos. Nos lo volveremos a dar una y otra vez, y una y otra vez nos levantaremos y seguiremos adelante”, señala Steve Balmer, uno de los principales directivos de Microsoft.

Maxwell insiste en que se vea el fracaso como un elemento más en la vida que debe ser integrado como algo natural e inherente al ser humano. “Es mejor que curen pronto las heridas, para volver a estar bien cuanto antes”.

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